Los resultados de las pruebas PISA 2025 volvieron a encender las alarmas sobre la educación argentina. Los estudiantes de 15 años obtuvieron 367 puntos en Matemática, 389 en Lectura y 393 en Ciencias, con caídas de 11, 12 y 13 puntos, respectivamente, frente a la evaluación de 2022.
En Matemática, además, Argentina registró su peor desempeño de las últimas dos décadas.
Sin embargo, detrás de los puntajes aparecen otros indicadores que permiten dimensionar el problema: repitencia, ausentismo, trabajo adolescente y fuertes desigualdades socioeconómicas forman parte de las trayectorias de miles de estudiantes.
Uno de cada tres adolescentes vulnerables declaró haber trabajado
Uno de los datos más llamativos de PISA es que el 27,6% de los estudiantes argentinos de 15 años declaró haber realizado algún trabajo remunerado durante las dos semanas previas a la evaluación.
La proporción aumenta al 33,9% entre los alumnos del nivel socioeconómico más bajo. Es decir, aproximadamente uno de cada tres adolescentes de los sectores más vulnerables había trabajado durante ese período.
“Estamos hablando de chicos de 15 años”, advirtió Laura Caullo, responsable del área de Empleo de IERAL de la Fundación Mediterránea.
La especialista remarcó que muchos adolescentes comienzan a insertarse tempranamente en el mercado laboral sin haber adquirido todavía las competencias básicas que posteriormente les serán exigidas para acceder a empleos de mayor calidad.
Los datos no permiten afirmar que trabajar sea por sí mismo la causa del menor rendimiento académico, pero muestran que la inserción laboral temprana aparece con mayor frecuencia entre los sectores más vulnerables.
Casi tres de cada diez estudiantes faltaron a clases
El ausentismo constituye otra señal de alerta. El 27,8% de los adolescentes declaró haber faltado al menos un día completo durante las dos semanas anteriores a PISA.
Entre los estudiantes de menores recursos, el porcentaje ascendió al 33,8%.
Sin embargo, el fenómeno no está limitado a los sectores vulnerables: incluso entre los alumnos del nivel socioeconómico más alto, el 19,2% había faltado al menos un día.
Un análisis de la Universidad Austral encontró además una fuerte relación entre asistencia y rendimiento. Los estudiantes con ausentismo obtienen entre 30 y 38 puntos menos en las diferentes áreas evaluadas.
Florencia Daura, secretaria de Investigación de la Escuela de Educación de la Universidad Austral e investigadora del CONICET, señaló que el nivel socioeconómico condiciona los resultados, pero no los determina por completo.
“El origen socioeconómico condiciona, pero el hábito cotidiano de ir a la escuela también pesa, y mucho”, explicó.
Incluso entre los sectores de menores ingresos, los estudiantes con mayor asistencia pueden obtener mejores resultados que alumnos pertenecientes a un estrato socioeconómico inmediatamente superior pero con ausentismo frecuente.
La repitencia golpea mucho más a los estudiantes vulnerables
Otro indicador relevante es la repitencia. El 17,7% de los estudiantes argentinos evaluados había repetido al menos un año durante la primaria o la secundaria.
La brecha socioeconómica vuelve a ser considerable: entre los estudiantes de menores recursos, la proporción alcanza el 28,7%, mientras que entre los de mayores ingresos cae al 6%.
Para los especialistas, estos indicadores deben analizarse en conjunto.
“Hay que mirar un poco más allá del puntaje y pensar qué está pasando con los chicos. El problema es multidimensional, tiene muchas aristas”, sostuvo Caullo.
El paso a la secundaria aparece como uno de los puntos críticos
Los datos también muestran un fuerte deterioro de las trayectorias escolares cuando los estudiantes pasan de primaria a secundaria.
Según un informe de la Fundación Libertad, la repitencia promedio aumenta del 1,9% en primaria al 6% en secundaria.
La sobreedad pasa del 5,1% al 19,6%, mientras que el abandono interanual aumenta del 0,6% al 6,9%.
El momento más crítico aparece en tercer año de secundaria, donde la repitencia llega al 8,3%.
También existen importantes diferencias provinciales. Santa Fe registra una tasa de repitencia secundaria del 15,8%; Corrientes alcanza un 32,2% de sobreedad y Misiones presenta un abandono interanual del 13,1%.
Grandes diferencias en el gasto educativo entre provincias
Las desigualdades también aparecen en los recursos disponibles.
En 2026, el gasto educativo promedio alcanzó aproximadamente los $4 millones por alumno, pero con enormes diferencias entre jurisdicciones.
Neuquén destinó unos $13,7 millones por estudiante, mientras que Tucumán registró alrededor de $2,5 millones.
Argentina tenía en 2025 aproximadamente 10,2 millones de estudiantes entre los niveles inicial, primario y secundario, con más de la mitad concentrados en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.
Las diferencias de gasto, sin embargo, deben analizarse junto con otros factores como el tamaño de cada sistema educativo, los costos de funcionamiento y la capacidad fiscal de las provincias.
El desafío: evitar que los adolescentes queden fuera del sistema
El deterioro educativo también se conecta con lo que sucede posteriormente en el mercado laboral. Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, en Argentina hay alrededor de un millón de jóvenes de hasta 29 años que no estudian ni trabajan.
Para Caullo, PISA permite observar algunas señales que aparecen mucho antes: dificultades de aprendizaje, ausentismo e inserción laboral a edades tempranas.
El desafío, entonces, no consiste únicamente en aumentar el gasto educativo o garantizar más años de escolarización, sino en conseguir que los estudiantes asistan, aprendan, avancen y terminen la secundaria con herramientas para continuar estudiando o incorporarse al mercado laboral.
“Hay que lograr, de alguna manera, que no caigan del sistema educativo. Armar un puente entre educación y empleo, pero evitar que haya deserción”, concluyó Caullo.
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