La doble y riesgosa apuesta de Macri: política y fútbol con final abierto


Habrá que reconocerle a Mauricio Macri osadía. De cara a lo que se viene ha efectivizado dos apuestas fuertes en los dos mundos que se jacta de comprender a la perfección: el de la política y el deportivo, que por supuesto también es político.

Su alineamiento automático con el libertario Javier Milei apenas terminó la primera vuelta electoral de octubre pasado sorprendió por la rapidez, no tanto por su lógica. Que era casi cantada. Su decisión de integrar la fórmula presidencial en Boca Juniors para enfrentar al “riquelmismo” -y no figurar sólo como un vocal más de la lista opositora- lo puso en el primer plano de la pelea por el manejo de uno de los clubes más grandes del mundo. Que se reconoce como el kilómetro cero de su ascenso al poder real, con aquel pico máximo al alcanzar la Presidencia de la Nación en 2015.

Macri jugó fuerte. En los dos mundos parece haber aplicado el mismo criterio de análisis: las decisiones se toman en base a un cálculo, que puede fallar obviamente. Se llama tomar riesgos. Después del resultado del 22 de octubre, en el que Juntos por el Cambio se quedó afuera del balotaje, avanzó en lo que en cierta manera le pedía la escena política, siempre bajo su primera premisa movilizadora: que el peronismo, esa fuerza que lo desalojó a él mismo del poder en 2019, no repita mandato.

Daño interno

Lo curioso es que la asociación con Milei se explica por su propio fracaso: es Macri uno de los grandes responsables de que Juntos quedara tercero en octubre y que Patricia Bullrich, su candidata apadrinada, no lograra ubicarse entre los dos postulantes más votados que disputarán la presidencia el próximo domingo.

Hubo una tarea de demolición de su parte de aquel buen posicionamiento en que había quedado la alianza opositora luego de la elección de medio término de 2021, en la que sobresalió su enfrentamiento con Horacio Rodríguez Larreta y parte del radicalismo y su ambigüedad respecto a Milei desde antes de las Primarias Abiertas de este año.

El politólogo Lucas Romero, de la consultora Synopsis, explica en diálogo con este cronista: “Una vez consumada la caída de Bullrich, Macri no tenía otra chance que apoyar a Milei. Ningún otro incentivo posible competía con eso en su cabeza”. ¿Porqué? Por aquello de que el expresidente hizo cálculos. Coincide con la mayoría del mundo político: si lograra transferirle al libertario la mayoría de los votos de la que fue su candidata, Macri estaría ayudando a construir un postulante seriamente competitivo contra Sergio Massa, el crédito del peronismo unificado detrás de la marca Unión por la Patria. Incluso un candidato con serias chances de ser ganador.

Fuentes del macrismo explican que su líder, más allá de lo que diga en público, se ve a sí mismo como la persona más influyente, aún sin cargo, en el eventual gobierno de Milei. Cálculos. Por cierto, resta saber si el libertario tolerará lo que implica esa idea: que él sea a Macri lo que Alberto Fernández fue a Cristina Kirchner.

Romero cree que una de las razones que llevaron a Macri a su precipitada alianza con Milei es la neutralización de posibles sectores moderados de Juntos por el Cambio que pudieran salir a disputarle liderazgo opositor luego de la derrota por aquella responsabilidad del ex presidente en la misma. Léase Larreta, o el radicalismo o incluso sectores del peronismo no kirchnerista.

Hay que recordar dos cosas para entender el motorcito que mueve a Macri.

Una: aún teniendo un núcleo de votantes muy fieles, debió resignar sus aspiraciones presidenciales debido a la mala imagen que registraba en amplios sectores sociales, en especial los bajos de la estratégica provincia de Buenos Aires. Enojado, desilusionado, nunca aceptó la idea emancipatoria de Larreta y por eso jugó a la continuidad de su línea dura, que termino siendo encarnada por Bullrich.

Dos: Massa es probablemente el dirigente político al que Macri más desprecia, lo que le da al expresidente un incentivo extra en la doble pelea en la que se ha metido.

“No pudo ser Bullrich el que enfrentara a Massa, pues será Milei”, sería la traducción de esa tara. Por eso los macristas Guillermo Dietrich y José Torello se han cargado al hombro todo el “know how” de la logística para la fiscalización del próximo domingo. Lo que incluye recursos humanos y monetarios. Pero además, aquel desprecio al de Tigre explica bastante la jugada de Boca.

Fútbol y política

En el mundo futbolístico y político se sabe que Massa es uno de los respaldos políticos de Riquelme. Ya lo “sponsoreó” en 2019, cuando el ex10 y Jorge Ameal vencieron al macrista Christian Gribaudo, cortando así veinte años de hegemonía “M” en Boca (Macri, Pedro Pompilio y Daniel Angelici). La decisión de Macri de ser el dos de la fórmula que ahora encabeza su ex ministro Andrés Ibarra lo expone sobremanera. Y lo deja ante la posibilidad de tragar dos derrotas: la nacional, si cae Milei; la futbolera, si se impone Riquelme en diciembre. Quien, por cierto, también jugó fuerte presentándose directamente como candidato a presidente del club y ya no como un segundo influyente.

El analista cordobés Daniel Montoya cree que si Milei llegara a perder con Massa por un diferencial muy chico Macri tiene chances de sobre vida política como referente importante de la oposición, entre otras razones porque el libertario no parece tener pasta para ponerse al hombro todo un sistema anti peronista que se pare frente al actual ministro de Economía.

Montoya, por cierto, también anota en las apuestas de Macri otra que ya le salió bien: la muy fuerte jugada de impulsar a su primo Jorge como candidato a alcalde porteño, aún cuando era un extranjero en el distrito. Con esa victoria, uno de los motivos de su distanciamiento con Larreta y los radicales, el ex presidente revalidó territorio. No deja de ser una victoria módica para alguien que manejó el país y tiene un roce internacional muy por arriba de la media de su partido.



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