En un reciente desarrollo legal, AstraZeneca ha admitido que su vacuna contra el COVID-19 puede, en casos extremadamente raros, provocar un efecto secundario grave conocido como síndrome de trombosis con trombocitopenia (TTS). Esta admisión surge en respuesta a una demanda colectiva en la que se reclaman daños significativos por lesiones graves o muertes atribuidas a la vacuna. Este reconocimiento no solo tiene implicaciones médicas, sino también legales y financieras, tanto para los afectados como para la empresa.
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